lunes, agosto 29, 2011

Menos mal que las vacas no vuelan…

 

Los desacomodos climáticos que están apabullando al planeta, se hacen sentir en todos los ámbitos. Las tiernas avecillas, candorosas y simpáticas, no son la excepción y, para estar en sintonía con los desaires atmosféricos, hacen de las suyas.

Lo simpático de la situación es que, apremiadas intestinalmente por los vaivenes de la temperatura, se han descontrolado de tal manera que sus esfínteres, prácticamente, no llegan a cerrarse cuando tienen que abrirse nuevamente.

Se preguntaran ustedes, intrépidos lectores de estas cuasi bitácoras, por qué decimos que el clima perpetra su implicancia sobre estas desprotegidas criaturitas y, la verdad es que desconocemos las razones y los motivos, simplemente lo decimos porque es vox pópuli. ¿Hace falta que agreguemos algo más a este relato?

Como si estuviésemos planificando de antemano estos escritos, se nos ha presentado un cartel indicativo de que nuestra hipótesis sobre la influencia del clima bla, bla, bla, no estaba tan equivocada, un poco no más. Eso nos da más tranquilidad…

A continuación les mostramos la prueba, cabal y concreta, de que los pajarillos son los que están ensuciando el suelo de este mundo…

aRBOL CON AVES

martes, agosto 02, 2011

La ley de gravedad…

 

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Día fresco pero soleado, hermoso ejemplar de jornada que invitaba a salir  y recorrer los parques y plazas de la ciudad. Partimos temprano de nuestra cálida y acogedora morada rumbo a esos diferentes lugares para intentar fotografiar a los paseantes que, a esa hora de la mañana, caminaban por las sendas y veredas.

Llegamos a un lugar al cual nunca habíamos ido. Muy bien cuidado, limpio, arreglado, invitaba a relajarse en sus cómodos asientos. Nos ubicamos en uno de los bancos, debajo de una gran palmera y Clara, siempre pensando en rescatar para la posteridad ese tipo de instantes, me sugirió que posara con la manito que tiene el logo de nuestra revista digital MUCHAS GRACIAS TOTAL.

Comenzó la sesión fotográfica y, en la tercera toma, sentí una gota en mi cabeza de algo que parecía líquido. Miré hacia arriba y el cielo, límpido y diáfano, me indicó que no pensara en la lluvia, que dirigiera mi análisis hacia algo más cercano.

Toqué mi lacio y corto cabello y sentí que mis dedos hacían contacto con esa pequeña dosis de líquido viscoso que se había estrellado en mi canosa testa. Observé mis dedos y no demoré mucho en percatarme del origen de lo que se había precipitado.

Es la última vez que me siento debajo de un parador de palomas, estas aves no respetan a nadie y dejan caer sus “cosas” en cualquier parte…

En las siguientes fotografías tuve la precaución de protegerme, con la mano, de cualquier elemento que intentara mezclarse con mi cabellera.

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