sábado, diciembre 17, 2011

Diálogos incomprensibles…

 

3.11 009

Todos los días, más o menos a la misma hora, hace su arribo al patio de nuestra casa, un par de aves muy peculiares. Un alonsito, el de la imagen superior, y un tordo que, por lógica consecuencia, es el que está en la fotografía siguiente.

Aunque parezca una falacia, el alonsito adoptó al pichón de tordo y lo cuida y alimenta. El tordito lo sigue a todas partes reclamándole, a los gritos pelados, que le llene el buche de comida.

Como uno de los lugares que tienen abundante material comestible es nuestro patio, concurren a él asiduamente para hacer la consiguiente provisión alimentaria.

Pero no siempre pueden bajar a abastecerse, porque ése es el territorio privado de nuestra venerable gatita que, haciendo galas de su estirpe felina y prosapia siamesa, no acepta intrusos en su predio y menos emplumados.

El intercambio de sonidos que se genera en esas cruciales circunstancias es de antología. El tordo reclama, chillonamente, su almuerzo, el alonsito que le responde, por un lado, y le grita gruesos insultos a la gata, y ésta, atrincherada y sin retroceder, maúlla de una manera amenazante, como para no dejar dudas de sus intenciones defensivas. Les podemos asegurar que hasta se producen vuelos rasantes e intimidatorios por parte de las aves, por supuesto, y un levantamiento de garras como respuesta, lógica y consecuente, por parte de la siamesa.

Estamos por vender los derechos para una película, los izquierdos todavía no…

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