Estaba lloviendo. Detuve el automóvil en el sitio más cercano a la entrada del edificio al cual iba. Descendí del vehículo, cámara fotográfica en una mano, celular en la otra y traté de entrar lo más rápidamente posible al lugar porque, si no lo hacía, podría terminar empapado.
Con inusitada e inusual agilidad subí los ocho escalones de acceso y, presuroso, intenté ingresar al sitio por un lugar no habilitado. Lo que parecía ser una gran puerta doble en realidad era una simple, con un ventanal fijo a su lado. Por ese ventanal pretendía hacer pasar mi voluminosa humanidad cuando un durísimo cristal, aplastándome la nariz, me hizo retroceder y fijarme mejor en los letreros indicativos.
Cuando vi el cartelito recién puede darme cuenta de cómo estaba planteada la abertura. Por lo que me contaron, varias personas, todas con algún apuro, estamparon sus fosas nasales contra el frío vidrio. Menos mal que no fui el único, como soy medio tonto me queda ese casi consuelo…
1 Dejaron su gracia:
jaja!pobre espero que el golpe contra el vidrio no haya sido muy fuerte. Eso le paso a mi hijo cuando era chiquito, salió corriendo para entrar a un super y se estampó contra el vidrio, pobre quedó tirado en el piso, hizo efecto rebote. Besos y ya ves no sos zonso, sino atolondrado jaja! Besos tía Elsa.
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