Cansados, tal vez, de las ansiosas torpezas que ocasionaron varias roturas de vasos y copas de vidrio con manteles y pisos manchados, nuestros amigos de la churrasquería NOVO RODEIO decidieron ponerle un corte a la cuestión.
Compraron unos recipientes de acero inoxidable, con paredes de considerable espesor , de esos que se ocupan, generalmente, para transportar cubitos de hielo y, a cada uno de ellos, le estamparon una leyenda que no da lugar a falsas interpretaciones, ni siquiera a verdaderas.
A partir de ese momento, como si fuera un hechizo, no volvió a echar el vaso ni derramar su contenido. Vaya uno a saber por qué raro sortilegio ahora, que el recipiente se aguantaría cualquier golpe o caída, no ocurren más esos cotidianos accidentes. Este es un dilema a ser resuelto por las generaciones siguientes, las de ahora, o sea las actuales, no creo que lo logren…