Ustedes ya saben de las ampulosidades que me caracterizan. A esta altura de los acontecimientos y las circunstancias no nos vamos a engañar, porque esto es de conocimiento público y tampoco hay motivo para ocultarlo. Haciéndola corta les informaré que me regalaron una exótica parrilla para hacer asados. Es muy linda, anda demasiado bien y, como es de rigor, la he probado una y otra vez para sacarme las dudas.
Pero, porque por esas cosas de la vida siempre hay un pero, surgió un pequeño mas a la vez gran inconveniente, no hay forma de que entre por el portón de nuestra casa.
Entonces surgió la idea de utilizarla en la calle, como se ve en la imagen, para preparar excelentes carnes a la parrilla y, además de saborearlas poder convidar a los vecinos, siempre a cambio de una colaboración, espontánea pero rigurosamente obligatoria.
Todo anduvo bien hasta que llegaron las autoridades constituidas exigiendo que desalojásemos la vía pública y que nos fuésemos con la parrilla a otra parte.
Nuestro pedido de hoy se basa en la necesidad y urgencia de hallar un predio donde situar tan preciado elemento. Si alguno de los cientos de miles que nos leen, a lo ancho y a lo largo del planeta, dispone de un lugar donde ubicar este armatoste se lo llevaremos y se lo dejaremos, envuelto para regalo y, aunque parezca imposible, nosotros no le cobraremos absolutamente nada, el que está encargado de ese trámite es nuestro abogado.
Quedamos a la espera de su solidario llamado…
