Fiel a mi espíritu aventurero tomé la firme decisión de no escatimar esfuerzos hasta conseguir el vehículo que me permita recorrer más kilómetros a menor costo, lo cual indica que no me gusta desperdiciar mis magras entradas en combustible.
Luego de incontables intentos fallidos conseguí fabricar un vehículo que no consumía ni una sola gota, el único que terminaba consumido después de cada prueba era yo, por lo tanto quedó descartado, bien descartado, pese a que la Chuquita insistió hasta las lágrimas que me quedara con él porque era una manera de hacer ejercicios que me permitieran mantener, por lo menos, mi peso habitual.
Se convenció de que no era lo que me convenía después de haberme revolcado varias veces y poner en riesgo mi integridad física y matemática. Sólo a un tarado se le podía haber ocurrido salir a la calle con un artefacto como ese, y no lo digo por mí, bueno, un poco sí.
Al final, parece ser que hallé lo que afanosamente intenté gran parte de mi existencia y aquí me tienen, montado en mi rueda motorizada. El que aparece en la imagen es el séptimo prototipo, los anteriores quedaron tan destrozados que no valía la pena tomarles alguna fotografía. Cuando pase por cerca de donde viven ustedes, tocaré bocina para que salgan a verme. Chau, me voy, pero volveré, en cualquier momento…