Fuimos convidados a una celebración en el interior de la provincia, una localidad donde la mayoría de los habitantes son descendientes de europeos de países varios. Como nosotros también lo somos estábamos como peces en el agua, o mejor dicho, en la cerveza.
Como había muchísima gente, hacía calor y la tención había sido desbordada, la Chuquita se anotó como moza servidora del líquido elemento. La verdad es que se desempeñó en el cargo como si supiera, transportaba una docena de esos grandes vasos con manija en la que se servía la rubia bebida.
Los organizadores quedaron muy conforme y contentos con nuestra presencia hasta la hora de emprender el regreso, en ese mismo instante nos dimos cuenta que ninguno de los dos estaba en condiciones de conducir el automóvil, así que tuvimos que pasar la noche y parte del otro día en la casa del presidente de la organización del evento.
Aseguró que nunca más, mientras el pueda impedirlo, nos invitarán, porque las pérdidas que ocasionamos por haber bebido y comido alguna que otra cosita. ¡Que tipo más amargo y desconsiderado! En represalia nos trajimos unos vasos vacíos de recuerdo que,por supuesto, están a la venta. Hagan sus pedidos, ya.
