Que caiga nieve… pero en aerosol.
Hoy me desperté, desayuné, y encendí “la compu”, como le llamamos cariñosamente, nosotros, los sudamericanos, al ordenador y leí algo que me tuvo alrededor de media hora revolcándome de risa.
En la página que elegí como inicio y que, a propósito, es europea, en el centro mismo del sitio y como interesante noticia, decía: CONSEJOS PARA CONDUCIR CON NIEVE. Si ustedes, mis apreciados lectores tuvieran una mínima idea del impresionante calor que hace en esta zona del mundo, donde vivo, entenderían y hasta aplaudirían la lógica reacción que tuve. Allí mismo, entre espasmos de risa, me puse a pensar que por lo menos para eso me sirvió este “mundo globalizado” que adquirimos, hace unos añitos solamente, y que tanto se metió en nuestras vidas. Claro, sirvió para levantarme el ánimo desde temprano, por lo absurdo e increíblemente disparatado que resultaba ese título para mi realidad… ¿captan la cosa? Trataré de proporcionarles algunos detalles más, como para recrear el tema y contar así con vuestra simpatía y total comprensión.
Sucede que aquí en pleno corazón del Mercosur, entre Argentina y Paraguay, con casi 40º de calor, somos tan solidarios con el norte, “tan amplios”, tan abiertos, tan amigos de lo que nada tiene que ver con nuestra idiosincrasia y tradiciones propias, que nos adherimos a cuanta exótica costumbre extranjera nos acerquen. Por ejemplo, vengan las comidas hiper calóricas que nos hacer subir aún más la ya altísima temperatura corporal, la ropa con gorritos y pompones, típicos del invierno más crudo, Papá Noel súper abrigado, con renos y… trineo para la nieve, jajaja, sí, ¡¡trineo!!, es muy loco todo esto. Todos los adornos navideños que utilizamos, son alegóricos al frío, arbolitos nevados, velas, muérdago… lo único que nos falta es el archi famoso muñeco de nieve, que no lo hacemos porque, ¿de dónde sacaríamos la materia prima indispensable? Justamente en esta zona, donde ni siquiera en pleno invierno, hemos visto, jamás de los jamases, un atisbo o un proyecto de copo de nieve, ni en sueños.
Ahora, y después de conocer todos estos pequeños datos ilustrativos, ¿entienden por qué me puse a reír como una descocada?, porque algunos seres humanos tenemos tanta facilidad para caer en la pavada, tanta, que asusta.
Bueno, los dejo, porque tengo que vestirlo al Chuqui de Papá Noel, si no, ¿qué van a decir los niños, si no aparece el viejito panzón y abrigado hasta las uñas?... es el espíritu navideño globalizado.
