
Decirles que el mate forma parte importante de nuestras vidas sería caer en una exageración redundante y repetida. Sin embargo no está todo dicho sobre esta espirituosa y reconfortante bebida. Siempre hay algún secreto que forma parte del acerbo particular de cada matero.
Los componentes de una mateada son los siguientes: mate con yerba y bombilla, agua caliente (puede estar en la pava o en un termo) y, por lo menos, una persona que lo prepare y lo tome.
Nuestras mañanas, las de los Chuquis, tienen al mate como protagonista importantísimo. Lo primero que hacemos, en todas nuestras jornadas, es sentarnos en la sala, en el patio, en la oficina, o donde sea, a saborear un delicioso mate amargo.
Al cabo de un buen rato de estar tomando, la yerba mate se lava y el sabor pierde su fuerza, entonces es el momento de ensillarla o cambiarla. Generalmente se cambia toda la yerba cuando se piensa seguir mucho más tiempo con la mateada pero cuando es para poco tiempo más, se retira una parte de la yerba usada y se la renueva, se la “ensilla”.
¿Por qué les explico todo esto? Ya van a ver. Resulta que nos tomamos el día libre, así que la mateada se extendió una media hora más. Como la yerba original estaba aflojando le solicité a la Chuquita que la renovara, le pasé el mate y ella, sin dejar de hablarme de temas varios, procedió a ejecutar la tarea. Luego de observarla, le dije:
-Tendrías que dejar de hablar un momento y prestarle atención a lo que estás haciendo.
-Para que sepas, Pepe, las mujeres, a diferencia de los hombres, pueden realizar dos acciones a la vez sin que una interfiera con la otra. Está comprobado, así que voy a seguir hablando mientras renuevo la yerba…
No dije más nada, supongo que estará comprobado que pueden efectuar dos acciones simultáneas, lo que no me aclaró fue si las hacían bien, porque en vez de yerba le puso té al mate y quedó prácticamente intomable.



