
Todos los meses debemos ir, por lo menos una vez, al banco a cobrar un dinerillo. Generalmente tratamos de que la fecha de cobro coincida con la altura del mes en que no hay tanta afluencia de personas porque si no las esperas se hacen interminables.
Este mes el pago se efectuó justo en la fecha de vencimientos de distintos servicios públicos que, casualmente y por desgracia, son abonados en esa sucursal bancaria.
Entré al gran recinto y me sorprendió la inmensa cantidad de gente haciendo cola, para pagar o cobrar, en las numerosas ventanillas.
Me coloqué en una que me pareció bastante ágil y me dispuse a aguardar a que me llegara el turno. Después de casi una hora de aguantar la parsimonia con que los cajeros atienden a los seres humanos, llegué a la antesala de lo que sería mi trámite. Solamente faltaba que sea despachada una señora y me tocaría a mí. Pero, porque siempre y en todo momento hay un pero, no todo iría a suceder como estaba pensado, no, de ninguna manera, porque en el preciso momento en que me dirigía a la caja que me correspondía, apareció, entre la ventanilla y yo, una mujer con una criatura en brazos reclamando ser atendida antes porque, por su situación, tenía atención prioritaria.
La cajera, mujer solidarizándose con otra mujer, me ordenó retroceder diciéndome que las madres con sus hijos, y las embarazadas, gozaban de atención preferencial.
Entonces levanté mi voz, gutural y estentórea, reclamando mis derechos como persona mayor con algunas dolencias, achaques y fastidio:
-Señorita, ¿cómo determina usted que esta mujer debe ser atendida antes que otra persona?
-Porque viene con una criatura en brazos y eso le da derecho a no hacer la cola.
-Está muy bien eso, señorita, pero usted debería saber que esta mujer no tiene hijos y el bebé que tiene en brazos, y que ahora llora desconsoladamente, es de otra mujer, que lo alquila para que estas avivadas no pierdan el tiempo que perdemos nosotros, los que sí hacemos la cola.
Cuando se vio descubierta, la dama con el niño alzado, se retiró del lugar presurosa y alocadamente, dejando el bebé con la verdadera madre.
El mes que viene Clara me va a vestir como un bebé y se acercará a la ventanilla sin hacer cola, vamos a ver si nos atienden rápido o no.