
Digo todo esto porque me tocó en suerte, ¿o debo decir desgracia?, peregrinar por ese sector y, al llegar al punto en donde se enfrentaban los cartelitos indicadores, tuve que meterme en ese pasadizo, pasar por debajo de una tabla y casi arrodillarme para poder salir del otro lado del contenedor.
Con las palabras, bastante pesaditas y cargadas de bronca, que lancé a los vientos y resonaron a lo largo y a lo ancho de la cuadra, se habrán percatado del suplicio que significa atravesar ese atajo endiablado porque, al otro día, habían construido un pasadizo protegido para que pase la gente.
A veces es necesario proferir algunas palabrotas, de las más consternadas y acongojadas, para que se arregle lo que se debe arreglar.
Aceptamos contribuciones de otros tipos de reclamos ante situaciones límites como esta. Muchas gracias…




























