
En uno de los canteros del fondo del patio trasero nació un hongo. Se acomodó debajo de una de las plantas de duranta y desarrolló toda su estructura, mitad a la sombra y mitad al sol, sobresaliendo su magnífico sombrero.
Gazi fue la que lo descubrió y, confundiéndolo con algún animal invasor de su espacio, le hizo sentir el filo de sus puntiagudas uñas. Se ven con asombrosa nitidez las marcas felínicas ocasionadas por nuestra inquieta gatita.
Nos acercamos con la Chuqui a observarlo y ella, que tiene alma de cocinera y su espíritu culinario, me preguntó:
-Según tus amplios conocimientos ¿será comestible este hongo?
-Por supuesto, y debe tener un sabor excepcional.
-Pero, ¿no será venenoso?
-Ah, Chuquita, eso sólo se puede averiguar comiéndolo. Yo, por las dudas, me abstengo.
El hongo quedará donde estaba hasta que la naturaleza haga lo suyo. Nadie de esta casa se atreverá a tocarlo y, menos que menos, comerlo…
Gazi fue la que lo descubrió y, confundiéndolo con algún animal invasor de su espacio, le hizo sentir el filo de sus puntiagudas uñas. Se ven con asombrosa nitidez las marcas felínicas ocasionadas por nuestra inquieta gatita.
Nos acercamos con la Chuqui a observarlo y ella, que tiene alma de cocinera y su espíritu culinario, me preguntó:
-Según tus amplios conocimientos ¿será comestible este hongo?
-Por supuesto, y debe tener un sabor excepcional.
-Pero, ¿no será venenoso?
-Ah, Chuquita, eso sólo se puede averiguar comiéndolo. Yo, por las dudas, me abstengo.
El hongo quedará donde estaba hasta que la naturaleza haga lo suyo. Nadie de esta casa se atreverá a tocarlo y, menos que menos, comerlo…
























