Hoy sopló un muy fuerte viento del sur. Con la Chuquita salimos al patio a mirar como las nubes avanzaban sobre la ciudad y las aves volaban presurosas buscando un refugio ante la inminente tormenta.
A mí no me gustan las tormentas, tengo particulares experiencias que me marcaron para toda la vida y aprendí que al viento hay que respetarlo y nunca subestimarlo.
Dicen que el viento se lleva todo lo que encuentra a su paso, es cierto, pero también nos trae cosas que se llevó de otros lugares, eso también es cierto e irrefutable.
Cuando todavía no caía la lluvia, que luego se precipitó con desacostumbrada fuerza, llegaron volando, vaya a saber de qué recónditos sitios, estas flores con forma de hélice. El aire se cubrió de estos pequeños molinetes que, girando a gran velocidad, iban a depositarse en el suelo.
Junté varias de estas flores y le conté a la Chuquita que, cuando yo era un niño, hace ya medio siglo, en mi barrio había uno de estos árboles y siempre caían estas flores giratorias. Como todos los niños del vecindario, yo le sacaba la pepita del centro, le colocaba un mondadientes y la hacía girar colocándola contra el viento. Diversión simple y barata.
Cuando quise enseñarle a Clara cuál era el secreto de mi éxito, tomé la florcita en mi mano, le coloqué el palillo y cuando tomé impulso para que girase, estampé mi mano contra una de las columnas que sostienen el techo de nuestra casa.
Tengo para varios días con el dedo en terapia, todo por querer retornar a mi lejana y añorada niñez. Como diría un compadre que tengo por ahí: “Así son la vida…”

























5 Dejaron su gracia:
¡Bueno, vale, pero....!
¿A la pobre columnita, que le pasó...?
¡¡¡PORQUE NADIE SE ACUERDA DE LA POBRE COLUMNITA!!!
Lamento mucho tu accidente. La próxima vez tené más cuidado, pero no dejes de jugar como cuando eras niño, date esos gustos, que son muy valiosos.
Es cierto, el viento también nos trae cosas. Hace unos 13 años, en medio de la tormenta recibí un ragalito. Mi gato Bruno Alexis, que había nacido arriba de un árbol, y como lloraba por la tormenta un tarado insensible lo revoleó por el aire... y el destino lo hizo caer contra mi ventana. Desde ese momento no nos separamos más, y yo siento que es el mejor regalo que la tormenta puede haberme hecho.
Uy, me emocioné...
Besitossss
Chuquitos! Un saludo, hace mucho tiempo que no pasaba por aqui. Aun me alegran el dia. Un beso!
Dondelohabre: ¡qué hermosa anécdota, es como para emocionarse! Las cosas valiosas que nos puede acercar el viento, la lluvia, el frío, el calor... a veces no nos damos cuenta y tendríamos que ser más agradecidos.
Cariños.
Pedro: ¿la columna?... era una linda columna, no hablaba, no molestaba, estaba siempre quietita. La extrañamos un poco, pero... "así son la vida", "de nada sirve llorar sobre los platos rotos", ni "hacer leña del árbol caído", esto último no tiene nada que ver, pero ya que lo recordamos, quedó estampado.
Andrea: es cierto, nos tienes un poco abandonados, ¿a qué se debe?, jajaja (perdón por la indiscreción).
Saludos y te esperamos siempre.
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