La velocidad es una constante en los tiempos que vivimos. Todo tiene que ser rápido para que funcione en forma correcta, nada puede ser lento porque está fuera de foco e interfiere con los avances acelerados de la humanidad.
Las computadoras, los automóviles, las comunicaciones, los aviones, todo, absolutamente todo, debe tener rapidez y celeridad para ser tenido en cuenta, si no pasa a ser algo obsoleto, perimido y arcaico.
Quienes somos de generaciones un poco creciditas, hacemos lo posible por adaptarnos a la celeridad y al apresuramiento, entendiendo que no es una competencia sino solamente la necesidad de hacerlo todo lo más rápidamente posible.
¿Qué clase de vida es esta? ¿Cómo pretenden que nos adecuemos si cuando parece que lo estamos logrando, ya cambiaron todo el escenario, la coreografía, la música y el decorado?
Antes, el tiempo alcanzaba para todo lo que teníamos programado, ahora, debemos levantarnos una o dos horas antes, salir corriendo a hacer lo que tenemos que hacer, y al final del día no hicimos ni la mitad. Lo único que conseguimos es aumentar nuestros niveles de adrenalina, bilirrubina y naftalina y llegamos al final de cada jornada plagados de contracturas, estresados y malhumorados, por no haber podido alcanzar la velocidad promedio que requieren los tiempos que corren con mucha prisa y celeridad.
Me despido rápidamente de ustedes porque debo salir con presteza a llevar a cabo las noventa y tres actividades que me quedaron pendientes de la mañana. Chau, nos vemos, lo más pronto posible…
4 Dejaron su gracia:
Esta también es una visita corta, no da el tiempo para más, jeje
Pero es verdad, en nuestro afán por mantenernos vigente con los tiempos que corren vamos asumiendo nuevos compromisos y el día se nos hace cada vez mas corto; y me pregunto si esta vorágine va de la mano de una mejor calidad de vida o se es más feliz, y me parece que no.
Bueno, debo irme que el tiempo apremia y aún no paso por el twitter ni el facebook , una abrazo
Alejandro: ¿te das cuenta?, así andamos todos, a las corridas... ¿será por eso que la gente se deprime con tanta facilidad? Ya ni siquiera hay tiempo para ver jugar a un cachorro con un zapato, o ver cómo una abeja se posa en una flor...
Besos.
Totalmente de acuerdo. El ritmo de vida no nos permite disfrutar las cosas verdaderamente valiosas, nos priva de salud y de verdadera calidad de vida. Y lo más lamentable es que nos damos cuenta cuando es tarde, o cuando pasa algo grave.
Qué le vamos a hacer... dentro de lo que podemos, elegimos. Y dentro de lo que podemos, modificamos.
Un abrazo con tiempo para los dos.
Y para la minina unos cuantos mimitos.
Dondelohabredejado: es así. Es difícil encontrar un tiempo para hacer las cosas que nos gustan, con calma.
Publicar un comentario en la entrada