
Durante unos 8 años de mi existencia residí, junto con mi familia, en una casa ubicada frente al cementerio local. Nunca tuvimos miedo, bueno tal vez un poquito, sin embargo conocimos historias fantásticas de aparecidos y luces malas, leyendas urbanas, suburbanas y, por qué no, periféricas, y truculentos inventos terroríficos y cataclísmicos de toda índole.
Les puedo asegurar que, en lo atinente a lo sobrenatural, jamás vimos nada raro sólo lo normal, y eso que estábamos siempre atentos y preparados con ristras de ajo y crucifijos.
Les puedo asegurar que, en lo atinente a lo sobrenatural, jamás vimos nada raro sólo lo normal, y eso que estábamos siempre atentos y preparados con ristras de ajo y crucifijos.
Muchas veces fuimos con amigos a recorrer tumbas y panteones, y se convirtió en un paseo obligado cuando recibíamos visitas de otros barrios, era como una aventura turística para parientes y/o allegados. Muchos se anotaban porque les cobrábamos un precio módico y muy accesible.
La muerte, y todo lo que tiene que ver con ella, despierta siempre una gran curiosidad en las personas, en el ser humano promedio, aunque todavía no sé muy bien cual es ese tan mentado promedio.
Después de pasarme tantos años cerca de ese lugar, que aciertan en llamar “destino final”, llegué a la conclusión de que el famoso “campo santo” está lleno de vivos. Sí, aunque ustedes no lo crean ni entiendan, no hay que temer a los difuntos sino a los otros, a los que se quedan de este lado de la línea.
Muchos hacen un verdadero comercio vendiendo las pertenencias de los muertos. Dentro de sus posibilidades y al amparo de la soledad y el silencio, casualmente sepulcral, les quitan todos los objetos de valor, inclusive ropa y zapatos.
Escuché versiones que indicaban que los propios empleados del cementerio eran los que efectuaban ese tipo de limpieza póstuma, pero nunca supe que alguno de ellos haya sido detenido por las autoridades policiales.
También desaparecían los accesorios y adornos de valor que se colocaban en tumbas y panteones de gente adinerada. Y el archiconocido reciclaje de flores que, ni bien terminado el entierro, son recuperadas y vueltas a poner a la venta.
Todo esto indica que lo de “descansa en paz” es tan solo una expresión de deseo porque en el campo santo lo bueno comienza después de la muerte. Lástima que los finados no lo puedan disfrutar. Ni ellos escapan a las generales de la ley, ni ellos zafan de las garras de la codicia humana.
La muerte, y todo lo que tiene que ver con ella, despierta siempre una gran curiosidad en las personas, en el ser humano promedio, aunque todavía no sé muy bien cual es ese tan mentado promedio.
Después de pasarme tantos años cerca de ese lugar, que aciertan en llamar “destino final”, llegué a la conclusión de que el famoso “campo santo” está lleno de vivos. Sí, aunque ustedes no lo crean ni entiendan, no hay que temer a los difuntos sino a los otros, a los que se quedan de este lado de la línea.
Muchos hacen un verdadero comercio vendiendo las pertenencias de los muertos. Dentro de sus posibilidades y al amparo de la soledad y el silencio, casualmente sepulcral, les quitan todos los objetos de valor, inclusive ropa y zapatos.
Escuché versiones que indicaban que los propios empleados del cementerio eran los que efectuaban ese tipo de limpieza póstuma, pero nunca supe que alguno de ellos haya sido detenido por las autoridades policiales.
También desaparecían los accesorios y adornos de valor que se colocaban en tumbas y panteones de gente adinerada. Y el archiconocido reciclaje de flores que, ni bien terminado el entierro, son recuperadas y vueltas a poner a la venta.
Todo esto indica que lo de “descansa en paz” es tan solo una expresión de deseo porque en el campo santo lo bueno comienza después de la muerte. Lástima que los finados no lo puedan disfrutar. Ni ellos escapan a las generales de la ley, ni ellos zafan de las garras de la codicia humana.
Entre nosotros, como para que nadie se entere, ¿cómo podremos integrarnos a esa banda? ¿O piensan ustedes que es un negocio que va muerto y lo más probable es que nos enterremos?
9 Dejaron su gracia:
Bueno no esperaba encontrarme con esto je, a mi me parece que este negocio es un poco desagradable, creo que deberian quedarse en la radio nomás jeje,abrazo.
Gabo: es que con lo de la radio solo, no podemos vivir. Los gobernantes nos dicen que la cosa va fantástica, pero cuando llega fin de mes, no funcinan los hermosos discursos, la realidad golpea con fuerza... de todos modos, no te preocupes, no entraremos en el "negocio del cementerio", hay demasiada competencia, jajaja... buscaremos otra cosa.
Un abrazo.
los usurpadores se quieren pasar de vivos... ja ja
Que mal anda el país para verles a ustedes así,ja,ja,ja.
Un saludo muy cordial y sigan contando historias a dirario, la mujer ya se ha enganchado también a visitarles.
Saludos Cordiales.
Mmmmmmmmmmm , no es cosa buena meterse con los finados.
Acá en Uruguay pasa lo mismo y les aseguro que es de las cosas que mas me indgnan.
Sorry Chuquis pero hoy no puedo comentar en forma graciosa.
Les envio saludos..
Kocochón: jajajaja, sí, eso es lo que más nos molesta, jaajajajaja.
Antes, por lo menos por miedo o algo parecido, respetaban los cementerios... ahora ni ellos se salvan de los chorros.
Senovilla: ¿la mujer?, ¿en serio?, bueno, ¡bienvenida sea!
Sí, estimado amigo, la crisis agudiza los males ya existentes, incluso crea muchos nuevos.
Saludos.
Fonzi: es cierto, se trata de algo muy chocante, indignante... pero si ni siquiera las iglesias se salvan de los robos... es otro síntoma más de lo enfermo que está el mundo. En fin, parece que nos contagiaste la seriedad, tendremos que visitar algún blog cómico, jajaja.
Un abrazo.
Creo que lo del pluriempleo no va con vosotros...
Rivela: parece que no...
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