Realmente el mundo ya no es lo que era, lo único que falta es que comience a girar al revés. Ahí sí que se completaría el cuadro.
¿Por qué decimos esto? Agárrense de las mano que les soltamos todo de una sola vez. En esta parte del planeta, según algunos, bendecida por Dios y todos los Santos, hay señales inequívocas que nos hace llegar la naturaleza para anticipar el comienzo o la finalización de algún fenómeno climático, para indicarnos la llegada de las distintas estaciones, etc.
El caso del lapacho, un hermoso y robusto árbol que abunda por estos lugares, vale la pena traer a colación.
Antes, hace no mucho tiempo, los lapachos se cubrían de hermosísimas flores a mediados del mes de agosto. El hecho indicaba que no iban a producirse más heladas, que el frío ya no iba a ser una preocupación. Era la época de siembra.
También los pescadores celebraban al lapacho florecido porque era la señal de que en el río aparecería la presa más preciada por ellos: el dorado.
Las fotos que ilustran este post fueron tomadas ayer, 30 de mayo de 2008, y muestra a las claras que hasta los árboles están cambiando su metabolismo (¿será el término correcto?) y su mensaje, como los políticos.
Nosotros andamos más desorientados que los lapachos, no sabemos si vamos o venimos, si somos o si estamos, si decimos la verdad, mentimos.
Lo que no se modifica, por lo menos por ahora, es el apetito, así que los dejamos porque vamos a desayunar mirando cómo florecen más lapachos.
¿Por qué decimos esto? Agárrense de las mano que les soltamos todo de una sola vez. En esta parte del planeta, según algunos, bendecida por Dios y todos los Santos, hay señales inequívocas que nos hace llegar la naturaleza para anticipar el comienzo o la finalización de algún fenómeno climático, para indicarnos la llegada de las distintas estaciones, etc.
El caso del lapacho, un hermoso y robusto árbol que abunda por estos lugares, vale la pena traer a colación.
Antes, hace no mucho tiempo, los lapachos se cubrían de hermosísimas flores a mediados del mes de agosto. El hecho indicaba que no iban a producirse más heladas, que el frío ya no iba a ser una preocupación. Era la época de siembra.
También los pescadores celebraban al lapacho florecido porque era la señal de que en el río aparecería la presa más preciada por ellos: el dorado.
Las fotos que ilustran este post fueron tomadas ayer, 30 de mayo de 2008, y muestra a las claras que hasta los árboles están cambiando su metabolismo (¿será el término correcto?) y su mensaje, como los políticos.
Nosotros andamos más desorientados que los lapachos, no sabemos si vamos o venimos, si somos o si estamos, si decimos la verdad, mentimos.
Lo que no se modifica, por lo menos por ahora, es el apetito, así que los dejamos porque vamos a desayunar mirando cómo florecen más lapachos.





















