domingo, junio 10, 2012

Hubo arrugue de corcel…

 

 

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En uno de los múltiples paseos públicos de la ciudad, solía presentarse un magnífico percherón, blanco y altivo, caballo de pompa jubilado, que deleitaba, a los presentes que osaran montarlo, con su imponente altura y su fantástico porte.

Así fue durante una prolongada temporada, hasta que se hizo presente Pepe interesado en ubicarse en la montura para que le tomaran una fotografía como si estuviese cabalgando en tan espléndido equino.

De más está decir que no hubo forma de que el animal permitiera que tanta humanidad se ubicara sobre su lomo y, debido a ese casi colapso emocional, su gran cuerpo de espectacular caballo se redujo a una copia desdibujada de mi pequeño pony. No hubo forma de reanimar a la noble bestia y lograr que recuperara el original tamaño.

Aunque le sigue embargando la tristeza, no pierde el espíritu y sigue prestándose a la obtención de imágenes, pero sólo con niños, por las dudas…y estamos hablando del caballito.-

lunes, abril 09, 2012

Aprendiendo a tejer…

 

Fuera de temporada, generalmente, se consiguen adquirir algunos artículos a menor precio. Así fue que, recorriendo uno de esos negocios que tienen en exposición elementos de segunda mano, usados pero en buen estado, encontramos una máquina de tejer. Mi compañera de equipo tiene una impresionante cantidad de cualidades pero el tejido, como expresión artística o lo que sea, no es algo en lo que se destaque.

Como todos merecemos tener una oportunidad de hacer algo que siempre quisimos, pero no pudimos, llegamos a la conclusión de que el lugar de esa máquina era nuestra humilde morada.

Luego de algún teje y maneje, precisamente, logramos que el vendedor bajara sus pretensiones monetarias para que se pusieran a la altura de nuestras aspiraciones pagaderas. Fue entonces que la susodicha máquina de tejer fue a parar a lo que antes era el escritorio, que ahora pasó a ser “la sala de tejidos”, pero hay algunos indicios de que pronto se descompondrá cuando “manos anónimas” le aflojen algunos de sus tornillos.

Les puedo asegurar que, desde que la trajimos, no ha parado de funcionar y en la casa todo tiene una funda, forro o protección de lana tejida. Hasta ahora, con la gata, venimos zafando porque nos movemos pero, si llegamos a quedarnos quietos, caerá sobre nosotros un manto de tejido…

Tejido

jueves, marzo 29, 2012

El que no sabe, es como el que no ve…

 

 

 

No alcanzamos a dilucidar qué fue lo que determinó la aparición de un nutrido grupo de laboriosas hormigas, tan laboriosas como dañinas, en nuestro apreciado y venerado jardín. Estos invertebrados insectos trabajan las 24 horas del día, sin detenerse y haciendo galas de una perfecta organización y un envidiable orden, lo cual es digno de ser imitado. Lo complicado de su presencia es que no discriminan entre plantas buenas, regulares o malas, le dan parejito a cualquier representante de la botánica que se les cruce o se atreva a plantárseles.

Hormiga

Ante las primeras apariciones, detectadas porque se podía percibir en el aire el sutil aroma del ácido fórmico que destilan estos incansables bichitos y además porque se los podía observar, prácticamente a simple vista, como machacaban durantas, ligustros, rosas y jazmines dejando el tendal de hojas y tallos recortados, decidimos acudir a un profesional que nos asesorara sobre cómo eliminarlos, o por lo menos, espantarlos.

Trajimos una exagerada provisión de líquidos y polvos exterminadores. Luego de leer pormenorizadamente todas las instrucciones, procedimos a esparcir los letales productos en las proximidades de los 5 ó 6 hormigueros que ya se habían instalado a modo de colonia depredadora.

Luego de dos o tres días, fuimos a inspeccionar lo que suponíamos sería un tendal de hormigas muertas y desfallecientes, producto del efecto mortífero de los insecticidas utilizados. Llevamos la cámara fotográfica para documentar la escena y lo único que alcanzamos a plasmar en una imagen fue a uno de los integrantes del conglomerado hormiguista, antes de que un trozo de madera nos rompiera la lente. A las pruebas nos remitimos, y estamos en condiciones de aseverar que lo que no mata, con seguridad, fortalece…

super hormiga